Construida en el siglo XVI, la Torre de Belém es uno de los monumentos más icónicos de Lisboa. Desde allí podrás disfrutar de vistas panorámicas del río Tajo y la ciudad. Ten en cuenta que las entradas son limitadas y se agotan rápidamente en temporada alta.
El Monasterio de los Jerónimos es uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura manuelina en Portugal. Su construcción comenzó en el siglo XVI y su iglesia cuenta con impresionantes detalles decorativos. Asegúrate de visitar la sala capitular y la biblioteca.
El Mercado da Ribeira es un lugar ideal para almorzar y probar alimentos típicos portugueses. Cuenta con más de 40 puestos de comida y bebida, así como una amplia selección de vinos. Asegúrate de probar los famosos pastéis de nata mientras estás allí.
El Castelo de São Jorge se remonta al siglo XI y ofrece vistas impresionantes de la ciudad. Además de explorar el castillo y sus murallas, también puedes visitar el Museo de la Ciudad y el Jardín del Castillo. Ten en cuenta que las entradas son limitadas y se agotan rápidamente en temporada alta.
El Barrio Alto es conocido por su vibrante vida nocturna, pero también es un lugar interesante para explorar durante el día. Camina por las estrechas calles empedradas y descubre tiendas de antigüedades, galerías de arte y pequeños bares y restaurantes.
Si tienes tiempo adicional, considera visitar el Museo Nacional del Azulejo, el Oceanario de Lisboa o el Cristo Rei. Asegúrate de probar también la comida de la región de Alentejo, que se encuentra a poca distancia de Lisboa. Para maximizar tu diversión, considera alquilar una bicicleta o un scooter para moverte por la ciudad. También puedes tomar un ferry para explorar las playas cercanas.
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